La actual coyuntura previa al Plebiscito de salida para la nueva Constitución

Imagen: Patricio Rivera Moya

Por Mario Garcés Durán.
Historiador, Director ECO, Educación y Comunicaciones

De fantasmas y temores

Varios fantasmas, como apariciones, revelaciones o tormentos recorren Chile a propósito del próximo plebiscito de salida para la nueva Constitución:

1.- Del triunfo del Apruebo, deviene el primer fantasma, que si bien pudiera significar el retorno a un capitalismo más “social demócrata”, es decir, con un Estado que reconoce derechos sociales fundamentales para la población, hoy es presentado y manipulado por los medios y la derecha como un modelo cercano al “comunismo”.

2.- Del triunfo del Rechazo, deviene una suerte de “revelación”, como si aquí nada hubiese pasado, que el país y su modelo de desarrollo gozan de buena salud y sí, se le pueden, eventualmente, hacer una que otra corrección para volverlo más amable y humanitario.

El apruebo no es el comunismo y el rechazo no parece viable ni sostenible por más que represente un deseo y un anhelo profundo de la derecha, ya que muchos de ellos admiten que si triunfa el rechazo, algo hay que hacer. Entonces, no parece viable decir “aquí no ha pasado nada”.

Las estrategias electorales, particularmente de la derecha, juegan en una doble dirección: manipular la información y generar un clima de polarización y confrontación. El gobierno y las fuerzas “progresistas” apuestan por la justicia social y la participación en un tono moderado. Este cuadro parece revelar algo que he venido sosteniendo desde hace algún tiempo: La Convención no logró establecer un vínculo orgánico con los sectores populares en Chile o dicho de otra manera más fuerte: reprodujo las distancias entre los convencionales -devenidos en clase política- y la sociedad.

Por supuesto que esta distancia es variable, más aguda en algunos casos, mucho más moderada en otros. Sin embargo, el efecto general es más o menos el mismo: la población está poco enterada de los contenidos del nuevo texto constitucional, o la población está lo suficientemente influida por los medios de comunicación, al punto de hacer temer que se imponga el rechazo a la nueva Carta.

En vista de lo anterior, admitamos que el escenario presenta al menos, dos problemas y que ambos juegan a favor del rechazo:

1.- Debilidad en la relación entre la Convención y la mayoría de la población;

2.- Fuerte hegemonía de los medios de comunicación al servicio de la derecha y del statu quo.

Consideremos la otra cara de la coyuntura, si es que existe. Cambiar la Constitución se impuso por prácticamente el 80% de los electores en el plebiscito de entrada de 2020; sobre el 70% de los Convencionales elegidos en 2021 fueron progresistas, en sentido amplio y con un fuerte impacto, en ese momento, de la Lista del Pueblo. O sea, la Convención fue constituida y animada por un amplio apoyo ciudadano. Desde este punto de vista, se podría pensar que el próximo plebiscito es una “carrera ganada”. Sin embargo, luego de un poco más de dos años del Estallido Social de octubre de 2019 y de las coyunturas electorales favorables de 2020 y 2021, las fuerzas progresistas se perciben dubitativas y con temores de ser desplazadas. Tal vez sea exagerado decirlo así, pero lo que es claro es que se percibe una fuerza con “temores” y no una fuerza entusiasta, optimista y en movimiento.

Solo un pueblo movilizado hace visible su optimismo

Lo que parece que se debe discutir es la enorme y recurrente capacidad de la derecha y de la clase política tradicional para recomponerse y ocupar la escena pública, si no consistentemente, al menos con aparente fuerza.

El año pasado, en la elección presidencial se vivió un fenómeno parecido al que tenemos ad portas. La derecha se recompuso y ganó en primera vuelta y se constituyó en una seria amenaza para las fuerzas progresistas con un discurso conservador y neofascista (un poco corregido en segunda vuelta electoral). Con todo, Boric ganó a Kast por un poco más de un 10% de diferencia: 55.9% en contra de 44.1%. Curiosamente en el Plebiscito de 1988, el SI de Pinochet obtuvo un 44,1% en contra de un 55,99 del NO a la dictadura. Calcado, nada se ha modificado en más de 30 años.

Si el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre recrea este cuadro, el apruebo podría ganar por una diferencia de un 10% aproximadamente, aunque las encuestas, por ahora, tienden a presentar un “empate técnico”.

Si nos quedamos con las tendencias electorales históricas, el apruebo debiera ganar, sin embargo, hay que admitir que un porcentaje significativo de la población vota por opciones conservadoras y que, los medios de comunicación prestan un gran servicio a estas opciones.

Por otra parte, las fuerzas progresistas suelen alcanzar mayor impacto y visibilidad en la sociedad cuando las bases se movilizan, si no pueden ser fácilmente anuladas en las instituciones y formas políticas tradicionales que muchos datos indican será la estrategia de la derecha y sectores de centroderecha. Si no ganan en las urnas podrán ganar en el actual Congreso Nacional, modificando los quórum para hacer reformas (del 2/3 al 4/7 lo que ya está en camino) y limitando de este modo la puesta en ejercicio de la nueva Carta Constitucional.

La movilización de las fuerzas progresistas puede seguir dos caminos que no son contradictorios, incluso más, pueden ser complementarios: movilización electoral y movilización socio-constitucional. La primera es la más sencilla y la más conocida –vote por el cambio, vote apruebo- mientras que la segunda es más compleja: reúnase y delibere acerca de la nueva Constitución tomando posición frente a ella. Es decir, este tipo de movilización debiera hacer lo que la Convención no supo (o no quiso) hacer, implicar al pueblo en los debates constituyentes.

Este es probablemente el mayor desafío de los tiempos que vienen, que puede tomar diversas formas: reunión de grupos auto convocados, como las Asambleas y Cabildos de la época del Estallido, pero también pueden ser convocatorias de “movimientos sociales” específicos, que permitan hacer un balance de cómo ha incidido cada movimiento en el proceso constituyente y cómo sus demandas y proposiciones han sido acogidas por el nuevo texto constitucional.

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