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Movimientos Sociales y Democracia

La democracia en América Latina ha sido más un deseo que una experiencia para las mayorías de nuestras sociedades. Luego de tres siglos de dominio colonial, la Independencia dio lugar a regímenes oligárquicos y sólo al promediar el siglo XX, la democracia parecía extenderse por el Continente. Sin embargo, cuando esos procesos de democratización fueron comprometiendo a las mayorías, se impusieron las dictaduras que hicieron retroceder a muchos de nuestros pueblos.

La experiencia histórica del “tiempo largo” tiende a demostrar que la democracia ha adquirido forma y realidad cuando los movimientos sociales han logrado hacerse fuertes en sus demandas y reivindicaciones así como en sus capacidades para ejercer poder y modificar las relaciones de poder dominantes.

Los movimientos sociales han sido actores fundamentales en el desarrollo de la democracia con contenido social y cultural, tanto en el campo laboral como en el de habitar nuestra ciudades, redistribuir la tierra en el campo o poner en cuestión y modificar las tradicionales y asimétricas relaciones de género.

La democracia en América Latina, que hoy solo puede ser descrita como “democracia electoral” para transitar a una democracia participativa necesita de movimientos sociales, que amplíen el campo del ejercicio de los derechos políticos y culturales así como económicos y sociales.