Entrevista a Mario Garcés: “En muchas lenguas no hay cómo nombrar a los desaparecidos”

Mario Garcés |Foto: UH Edicion Impresa

Sin memoria corremos el peligro de repetir el pasado. Por esto, conversamos con Mario Garcés sobre las dictaduras del Cono Sur de los 70 y los desaparecidos. “Una experiencia tremendamente perturbadora, sobre todo, para los familiares”. Por Brigitte Colmán (bcolman@uhora.com.py)

Doctor en Historia, el chileno Mario Garcés, estudioso de los movimientos sociales, tiene aportes en el campo de la recuperación de la memoria histórica, y participó recientemente del encuentro del Programa Mercosur Social y Solidario, realizado en Asunción.

–En Latinoamérica, los 70 fueron años de dictaduras.

–Hay una ola represiva que se inició en el 64 en el Brasil; y después vienen las dictaduras más radicales: el 72 en Bolivia, el 73 en Uruguay, 73 en Chile y 76 en la Argentina. Paraguay queda un poco fuera de estos cánones porque tenía un gobierno de facto que empezó en el 54. Stroessner era más antiguo y ya parecía casi naturalizado, coercitivo sin muchos derechos, con gran capacidad de clientelización de la población, represión a los sectores opositores. La dictadura brasileña fue brutal en el ejercicio de la tortura, y en la ejecución de los detenidos; incluso, los militares brasileños dieron clases a los militares chilenos. En el caso del Cono Sur y, particularmente, Argentina y Chile fueron dictaduras más brutales y probablemente uno de los impactos mayores es la noción del detenido-desaparecido. La desaparición del detenido, esto es tan extremo que todavía en muchas lenguas no hay manera de nombrarlos y se dice en español. En muchas lenguas no hay cómo nombrar a los desaparecidos.La desaparición del opositor se constituye en una forma de ejercer el poder del Estado, del terrorismo de Estado. Es una experiencia tremendamente perturbadora, sobre todo, para los familiares y las organizaciones políticas, que no saben dónde están.En Chile nos costó darnos cuenta. Durante mucho tiempo pensábamos que estaban secuestrados, que estaban en otros lugares, que en algún momento podrían aparecer y, finalmente, se consuma esta suerte de crimen perfecto, entre comillas, donde no existe el cuerpo del delito, y por lo tanto a las víctimas no hay un lugar en el cual dar entierro y conmemorar la existencia al ser querido. Todo eso está negado, es una forma de represión brutal.

–Desde fuera la transición chilena parece perfecta.

–Alrededor del 86, 87, Reagan modifica su política y perciben que este milagro económico si no tiene formas democráticas está condenado al fracaso, y los peligros de mayor confrontación siguen abiertos. Eso influyó a que la clase política, sobre todo la de centro, a hacer la transición siguiendo las normas y el itinerario trazado por la Constitución del propio Pinochet, esto se dice muy poco. Todas las transiciones se hacen basadas en algún pacto y algún tipo de negociación simbólica: en España el pacto de la Moncloa; Brasil, la Constitución del 88; ustedes, un golpe. En Chile no hay ninguno de esos sucesos, hay un plebiscito que estaba contemplado en la Constitución de la dictadura, que era para que Pinochet siguiera 8 años más.La situación cambia luego de imponerse el no, pero la transición se hace en el contexto de la Constitución de Pinochet, que nos rige hasta hoy. Chile después de 28 años de democracia sigue regido por la Constitución elaborada y promulgada en dictadura, esta sigue siendo una tarea pendiente.

–¿Cómo ve el momento actual de Latinoamérica?

Lo veo como un momento muy complejo. Porque es evidente que el mundo desde el punto de vista económico, político y social ha cambiado en modo significativo. En lo que se conoció como el consenso Washington a fines de los 80 estaban las indicaciones que hacia Estados Unidos respecto a lo que se veía como un buen orden político y ese orden era un orden neoliberal, donde el Estado reducía sus funciones, se privatizaban los principales servicios, se apoyaba al empresariado, sobre todo, exportador, porque a América Latina se la pensaba ocupando un lugar como proveedor de materias primas como había sido en el siglo XIX, etc. Bueno ese modelo es resistido… Los procesos de Argentina y Brasil enfrentan desafíos muy grandes, porque el Estado tiene que gastar más, porque tiene que atender las demandas sociales, hay que interactuar con la sociedad de manera más activa, y al mismo tiempo tienen que ser capaces de generar riqueza, y esa riqueza la genera o por vía de la exportación o por las capacidades productivas; y ese ejercicio es difícil para América Latina, siempre ha sido difícil. Las dificultades son grandes y al mismo tiempo la presión que reciben de afuera es tan importante como son las oposiciones que generan internamente.

–La desigualdad es algo que tiene común Latinoamérica.

–Es tendencia mundial, incluso, entre los propios chinos que han crecido a niveles tan grandes han generado también formas de desigualad enormes. La desigualdad es un tema brutal que marca una etapa del capitalismo muy compleja. Por un lado, el capitalismo goza de buena salud, en el sentido de su capacidad de revolucionar permanentemente las fuerzas productivas y operar en el imaginario del deseo. Todo eso opera de una manera dinámica y que atrapa a la población es una permanente seducción, porque realiza un deseo de bienestar y que en el caso de las clases medias y los pobres estaban negados por décadas. Sin embargo, por otra parte, genera esta enorme desigualdad, pero aquí viene el problema de la desgracia del capitalismo. Desgracia para nosotros no para el gran empresariado, y es que en el fondo el capitalismo se puede sostener en una situación desigual, si un segmento de la población tiene niveles de consumo exacerbado, o sea, mientras existan los niveles de consumo y con ello pueden cooptar a un segmento de la población. El problema está en si somos capaces en los próximos años de intentar modelos de desarrollo alternativos, formas de vida alternativas, donde la vida, la felicidad, el éxito, no estén asociados para grandes segmentos de la sociedad al celular, al automóvil, a la ropa de marca, y por lo tanto necesitamos recrear proyectos colectivos, necesitamos que la felicidad también sea la vida comunitaria, capacidad de hacernos cargo de nuestros hijos, que las escuelas ayuden a generar profesionales que aprenden, que inventan, que son capaces de expandir el saber, o donde modificamos las relaciones de género y nos hacemos cargo de milenios de patriarcado y las mujeres tienen derecho y los hombres modificamos los modos de ver y de vivir en la sociedad. Esos son cambios culturales de largo aliento y de gran importancia y esos proyectos están hoy día pendientes.

La desaparición del opositor se constituye en una forma de ejercer el poder del Estado, del terrorismo de Estado. Es una experiencia tremendamente perturbadora, sobre todo, para los familiares.

Necesitamos que la felicidad también sea la vida comunitaria, capacidad de hacernos cargo de nuestros hijos, que las escuelas ayuden a generar profesionales que aprenden y que inventan.

Fuente:Última Hora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *