Crónica de una revuelta anunciada

Por Mario Garcés Durán (Historiador – Director de ECO)

Nos llegó marzo

En un trabajo reciente de la historiadora Verónica Valdivia, se lee que, en la víspera de la República Socialista del 4 de junio de 1932, un grupo de estudiantes parados en la puerta de la Universidad, recibió unos volantes en que se leía: “mañana estalla la revolución social” y una joven estudiante de doce años recibió ese mismo día, de sus profesores, un panfleto que decía “la revolución se hará mañana aunque llueva”.

El contexto de la crisis de 1931-32 es por cierto muy diferente al de crisis social y política por la que atraviesa hoy la sociedad chilena, sin embargo, durante este verano de 2020, hemos vivido algo así como la crónica de una revuelta anunciada. Se estima, en los medios, en las redes sociales, en los movimientos sociales, en los círculos del poder económico y estatal, así como en la opinión pública, que marzo será un mes de grandes movilizaciones que podrían derribar al gobierno, cancelar el plebiscito de abril o tensar al máximo la crisis política afectando significativamente el “orden público”, máximo valor social y político para los grupos en el poder.

Hasta ahora y empezando marzo, se reactivan las Asambleas en los barrios, comenzaron las movilizaciones de los estudiantes y el movimiento feminista toma sus iniciativas y pudiera ejercer un importante liderazgo. El 8 y 9 de marzo pueden ser un claro indicador de esta perspectiva. Pero, aún no está asegurada ni la unidad ni la articulación suficiente del movimiento ciudadano.

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