Luego de haber sido victima de la violencia de una
pinguina, la ministra nos invita a observar la conducta
de su agresora, que califica como absolutamente reñida
con una convivencia “pacifica” y, peor
aún, carente de “ciudadanía”.
Y se pregunta provocando a la teleaudiencia: “¿Éste
es el ciudadano que estamos formando?”.
Más allá de los resultados, no resulta
difícil pesquisar la idea de ciudadanía
que defiende la ministra. Afirma que el camino es
el diálogo. Sin embargo, ha cerrado las puertas
a conversar de cualquier tema que sea retirar el proyecto
LGE del parlamento, que es la principal demanda del
movimiento estudiantil y de profesores. Si un ciudadano
o ciudadana quisiera sacar la LGE del parlamento,
y la ministra le dice que no, entonces el ciudadano
modelo debe irse para la casa pensando que lo suyo
es un capricho y que la ministra debe tener la razón.
La ministra, con mucha serenidad, habla de que la
LGE avanza sobre temas de calidad de educación,
y lo pone como un valor. Reconoce que el movimiento
del 2006 instaló el tema de la calidad de la
educación, pero que ahora ya está plasmado
eso en la ley y que no hay más que conversar.
En la Escuela Alternativa nos alegramos mucho de que
los pingüinos y pinguinas del 2006 no fuesen
ciudadanos modelo, y no se fueran para la casa pensando
que el ministro Zilic tenía la razón.
Incluso la ministra parece ser que alaba esta “mala”
ciudadanía, porque es la que permitió
que ahora estemos hablando de calidad de educación.
Ignoramos por qué la clase política,
esa de la buena ciudadanía, no estuvo preocupada
por la calidad de la educación hasta el 2006.
O si lo estuvo no se notó. También ignoramos
por qué esa mala ciudadanía pinguina
del 2006 le gusta a la ministra, y esta del 2008 no.
La ministra dice que las marchas deben ser autorizadas
y pacíficas. Un ciudadano mayor de 18 años
puede pedir autorización para una marcha. Un
ser humano chileno de menor edad no puede. No es ciudadano
todavía. Menos mal que los pingüinos del
2006 eran malos ciudadanos, y no pidieron autorización
para muchas de sus marchas… no hubiesen podido,
de cualquier modo. O habrían tenido que mandar
al más viejo o vieja de cuarto medio a pedirla.
Hoy, que algunos y algunas ya son universitarios,
se puede pedir autorización para marchas. El
problema es que las autorizaciones se dan discrecionalmente.
No se trata sólo de quererlo.
Y hablemos ahora de pacifismo y no violencia. Partamos
de la base que la ministra acepta una pequeña
digresión a la ciudadanía – algo
así como el pecado original- el 2006. El o
la ciudadana modelo de la ministra del 2008, que ya
tuvo su veranito, debiese darse por vencida cuando
no le dan autorización para la marcha. Debe
aceptar que le den cuatro cupos en una comisión
de expertos compuesta por 81 personas. Debe mirar
por la tele y sentirse bien de que las autoridades
que no eligió (porque todavía no vota)
se toman de las manos y firman un pacto que no representa
sus demandas. Debe aceptar la mala educación
que todavía recibe, porque todavía la
LGE no se implementa. Debe leer la LGE para tener
conciencia de los cambios que provocó, pero
no puede hacerle críticas. Debe aceptar que
a sus compañeros y compañeras les detengan,
les peguen y les pasen por fiscalía militar
si le botan el casco al carabinero o si muerden la
mano que los sujeta por la fuerza. Debe aceptar participar
de instancias de representación que no inciden
en las políticas públicas, ni en las
ordenanzas municipales, ni en las del colegio. Deben
aceptar que cuando piden explicaciones no se les responda.
Y más encima, cuando tenga al frente a la propia
ministra de educación, a esa que le ignora,
esa que por el cargo, representa todo lo que le oprime,
margina, ignora y tergiversa; ahí, en ese momento,
debe mantenerse flemática, pacífica.
No debe ser emocional, menos violenta.
Nos cuesta pensar en una ciudadanía como ésa.
Julio 2008.-