Columna de Opinión
   
   
EN DEBATE
   
 
 

 


Mala ciudadana

Andrea Gamboa

 

   

Luego de haber sido victima de la violencia de una pinguina, la ministra nos invita a observar la conducta de su agresora, que califica como absolutamente reñida con una convivencia “pacifica” y, peor aún, carente de “ciudadanía”. Y se pregunta provocando a la teleaudiencia: “¿Éste es el ciudadano que estamos formando?”.

Más allá de los resultados, no resulta difícil pesquisar la idea de ciudadanía que defiende la ministra. Afirma que el camino es el diálogo. Sin embargo, ha cerrado las puertas a conversar de cualquier tema que sea retirar el proyecto LGE del parlamento, que es la principal demanda del movimiento estudiantil y de profesores. Si un ciudadano o ciudadana quisiera sacar la LGE del parlamento, y la ministra le dice que no, entonces el ciudadano modelo debe irse para la casa pensando que lo suyo es un capricho y que la ministra debe tener la razón.

La ministra, con mucha serenidad, habla de que la LGE avanza sobre temas de calidad de educación, y lo pone como un valor. Reconoce que el movimiento del 2006 instaló el tema de la calidad de la educación, pero que ahora ya está plasmado eso en la ley y que no hay más que conversar. En la Escuela Alternativa nos alegramos mucho de que los pingüinos y pinguinas del 2006 no fuesen ciudadanos modelo, y no se fueran para la casa pensando que el ministro Zilic tenía la razón. Incluso la ministra parece ser que alaba esta “mala” ciudadanía, porque es la que permitió que ahora estemos hablando de calidad de educación. Ignoramos por qué la clase política, esa de la buena ciudadanía, no estuvo preocupada por la calidad de la educación hasta el 2006. O si lo estuvo no se notó. También ignoramos por qué esa mala ciudadanía pinguina del 2006 le gusta a la ministra, y esta del 2008 no.

La ministra dice que las marchas deben ser autorizadas y pacíficas. Un ciudadano mayor de 18 años puede pedir autorización para una marcha. Un ser humano chileno de menor edad no puede. No es ciudadano todavía. Menos mal que los pingüinos del 2006 eran malos ciudadanos, y no pidieron autorización para muchas de sus marchas… no hubiesen podido, de cualquier modo. O habrían tenido que mandar al más viejo o vieja de cuarto medio a pedirla. Hoy, que algunos y algunas ya son universitarios, se puede pedir autorización para marchas. El problema es que las autorizaciones se dan discrecionalmente. No se trata sólo de quererlo.

Y hablemos ahora de pacifismo y no violencia. Partamos de la base que la ministra acepta una pequeña digresión a la ciudadanía – algo así como el pecado original- el 2006. El o la ciudadana modelo de la ministra del 2008, que ya tuvo su veranito, debiese darse por vencida cuando no le dan autorización para la marcha. Debe aceptar que le den cuatro cupos en una comisión de expertos compuesta por 81 personas. Debe mirar por la tele y sentirse bien de que las autoridades que no eligió (porque todavía no vota) se toman de las manos y firman un pacto que no representa sus demandas. Debe aceptar la mala educación que todavía recibe, porque todavía la LGE no se implementa. Debe leer la LGE para tener conciencia de los cambios que provocó, pero no puede hacerle críticas. Debe aceptar que a sus compañeros y compañeras les detengan, les peguen y les pasen por fiscalía militar si le botan el casco al carabinero o si muerden la mano que los sujeta por la fuerza. Debe aceptar participar de instancias de representación que no inciden en las políticas públicas, ni en las ordenanzas municipales, ni en las del colegio. Deben aceptar que cuando piden explicaciones no se les responda. Y más encima, cuando tenga al frente a la propia ministra de educación, a esa que le ignora, esa que por el cargo, representa todo lo que le oprime, margina, ignora y tergiversa; ahí, en ese momento, debe mantenerse flemática, pacífica. No debe ser emocional, menos violenta.

Nos cuesta pensar en una ciudadanía como ésa.

Julio 2008.-

COLUMNAS ANTERIORES