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1.-
La primacía de lo social.
A
propósito de las relaciones a alianzas de los movimientos
sociales y las organizaciones políticas, creo que lo
primero que debemos afirmar es la primacía de los movimientos
sociales.
En contra de lo que habitualmente se cree, lo social es anterior
a lo político, como la sociedad es anterior al Estado.
En efecto, el Estado es un producto de la sociedad y nuestros
problemas con el Estado provienen, habitualmente en América
Latina, en que éste es el producto de la acción
de un sector de la sociedad. En América Latina, los Estados
son un producto de las elites y las oligarquías y mucho
de nuestras historias políticas son la historia de las
luchas por democratizar el Estado, luchas que han buscado modificar
o cambiar el estado, especialmente en el siglo XX.
Del mismo modo, que el Estado es un producto de la sociedad,
los partidos políticos son un producto del desarrollo
de los movimientos sociales en la sociedad. Los partidos buscan
normalmente representar o dirigir a su sector y también
al conjunto de la sociedad. Pero en su origen el partido es
“parte” y en su desarrollo deben convencer o ganarse
el derecho a representar a la sociedad. Y cuando los partidos
alcanzan el poder en el Estado, su dilema suele ser cómo
dirigen y cómo dominan, si democrática o autoritariamente.
Quiero entonces decir, que los movimientos, que son más
que un partido, necesitan preservar su autonomía de las
organizaciones o partidos políticos. El o los movimientos
sociales en nuestros países son siempre más anchos
que los partidos políticos.
2.- La importancia y el papel de los movimientos sociales
en América Latina.
¿Qué
es la historia de América Latina sin sus pueblos? ¿Y
cómo se constituye el pueblo en sujeto de la historia?
El pueblo se constituye en sujeto cuando se pone en movimiento.
El pueblo es sujeto cuando se constituye en actor. El pueblo,
esquemáticamente hablando, o es aplastado y sometido,
o es sujeto de su destino, de la historia. Pero, para realizar
su historicidad necesita resistir la dominación y luchar
por su emancipación. Es que como decía Benjamin,
el verdadero sujeto de la historia son las clases oprimidas
cuando luchan. Este es, probablemente, el principal principio
de historicidad.
Digámoslo de otro modo: Lo mejor de nuestra historia
son nuestras luchas, nuestras capacidades asociativas, nuestras
prácticas de solidaridad. Ello es parte de nuestra cultura,
de nuestra identidad. Es nuestro modo de hacer historia, nuestra
historicidad. Y es la más auténtica, porque es
la historia de la emancipación, de la libertad. No es
la historia del dominio, de la explotación, de la enajenación.
3.- Las aportaciones y preguntas de los nuevos movimientos
sociales.
Los movimientos sociales tradicionales, entre nosotros, han
sido los movimientos de raíz estructural: el movimiento
obrero y el movimiento campesino.
Sin embargo, siempre nuestro pueblo ha sido más diverso
que obreros y campesinos. Siempre hemos tenido desempleados,
que no eran lumpen ni ejército de reserva. Eran y son
trabajadores por cuenta propia. Eran y son “pobres”.
Y los pobres han sido mayoría en América Latina.
También hay y había sectores que no estaban incorporados,
o solo parcialmente, al campo productivo, por ejemplo las mujeres.
Entonces, es necesario preguntarse, ¿qué lugar
tenían las mujeres en el movimiento obrero y campesino?
En realidad, hay que admitir que con relativa tardanza, las
Ciencias Sociales han debido reconocer la emergencia de nuevos
movimientos sociales, como el de las mujeres, los jóvenes,
los ecologistas, el cristianismo popular, el movimiento de Derechos
Humanos, etc. Estos nuevos movimientos sociales no reemplazan
a los movimientos sociales tradicionales, conviven con ellos
y han ampliado y enanchado al pueblo en movimiento. Al mismo
tiempo, nos han obligado a pensar la noción misma de
“movimientos sociales”.
Los movimientos sociales, según un autor conocido, son
acciones o “desafíos colectivos” que llevan
a los grupos sociales a enfrentarse con otros, poniendo en juego
sus propias formas de lucha, aprovechando las ”oportunidades
políticas”, para producir cambios en la sociedad.
Pero, y aquí me parece que está la principal contribución
de los nuevos movimientos sociales, estas acciones colectivas
no sólo buscan producir cambios en el Estado, sino que
en las relaciones básicas de la propia sociedad, y por
lo tanto en los individuos y en la cultura de esos individuos
que constituyen o participan de los movimientos sociales.
La politización del pueblo, que favorecen los movimientos
sociales, hay que verla en dos dimensiones: hacia el pueblo
y hacia el Estado. Esto lo sabe cualquier dirigente social,
su tarea no sólo consiste en demandar al Estado, sino
en sumar capacidades asociativas y de conciencia en sus propias
bases. Ese proceso, en sí mismo, es el mayor acto político
de trasformación.
4.- Los desafíos de los movimientos sociales.
4.1.
El primer y permanente desafío de los movimientos sociales
es asegurar su propio desarrollo, es decir, sus capacidades
asociativas, su memoria y su mística, sus capacidades
de producir “verdades”, que pueden tomar forma de
propuestas políticas sectoriales, nacionales o regionales.
4.2.
Un segundo desafío de los movimientos sociales actuales
tiene que ver con las capacidades de éstos para producir
“cambios sociales y culturales” en su propio medio
y entorno. Como indicó Evo Morales en Chile, en el 2006,
hoy se trata mas de convencer que de vencer. Producir cambios
sociales y culturales significa que determinadas relaciones
sociales ya pueden ser modificadas (un trabajador sindicalizado
genera una identidad distinta a un trabajador aislado; un joven
que participa de un movimiento cultural genera un proyecto vital
distinto al de aquel que reproduce la lógica dominante
del neoliberalismo actual; un movimiento de mujeres activo cuestiona
las relaciones de género dominantes e invita a construir
nuevas relaciones de género; un movimiento ecologista
activo impide que ciertas medidas que destruyen la naturaleza
se lleven a cabo y bloquea su realización; etc.)
4.3.
Los movimientos necesitan proyectarse políticamente y
trabajar por la unidad del pueblo. Los movimientos sociales
habitualmente elaborar sus propios sentidos políticos
(lo que no quieren y lo que buscan). Estas aspiraciones de cambio
pueden tomar forma en plataformas programáticas que,
dependiendo las coyunturas, deben dialogar con otros movimientos
y organizaciones políticas, culturales y religiosas.
Dialogar significa crear espacios en que ello es posible (foros,
asambleas, coordinaciones, articulaciones). La política,
desde los movimientos sociales, necesita ser siempre un proceso
de construcción social de la política
4.4.
Los movimientos sociales, si bien para hacer política,
necesitan establecer alianzas con partidos políticos,
con ONG´s, con las Iglesias, etc., al mismo tiempo necesitan
preservar su autonomía, ya que la política tiene
una temporalidad y un alcance distinto al de los movimientos
sociales. La política, dependiendo las sociedades, su
historia, sus prácticas, se traduce en propuestas y tiempos
(coyunturas, gobiernos, programas, etc.) que no agotan la historicidad
y la densidad de los movimientos sociales. Los procesos de cambio
que encarnan los movimientos sociales son de largo alcance,
ya que representan aspiraciones y proposiciones de emancipación
e igualdad que deben ser permanentemente recreadas y actualizadas.
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